Lo cierto es que necesito coger aire.
No, no estoy cansado, me gusta mi trabajo y me gusta dónde y cómo vivo.
Pero presiento cambios. Es de esos presentimientos nada objetivos por los que tantas veces me he guiado y que en general me han dado buenos resultados.
A pesar de lo que enseñan en las escuelas de negocios, que destierran el olfato y el corazón como instrumentos de elección, cuando pienso en las que cosas que he elegido y que han sido más importantes en mi vida, me doy cuenta de que fueron elegidas guiándome por el instinto.
Después de 4 años con Médicis, mi proyecto más personal, con todo lo que está pasando alrededor y seguramente con 40 años encima que invitan a reflexionar sobre muchas cosas, siento que el cambio está rondando cerca mía.
Y en momentos de cambio del que creo que seré parte activa, no de esos cambios que nos pasan por delante sin que nos enteremos, considero importante hacer una pausa y coger aire.
Pero aire cargado, lleno de nutrientes y por eso quiero ir a San Francisco.
Quiero ir al lugar donde se inició todo, es una búsqueda casi antropológica. Quiero entender, pero sobre todo necesito ser entendido.
Soy un Ewok en tierra de humanos y necesito pasar una semana en el país de los Ewoks, ver a los míos, ver dónde viven, cómo se educan, cómo funcionan sus autoridades, cómo se financian.
Esta es la razón de por qué me voy a San Francisco, pero no la razón de por qué voy a este viaje.
Lo bueno de este viaje es que me voy con otros Ewoks, con aquellos que como yo soñamos con que las cosas pueden ser diferentes y además estamos dispuestos a hacerlas diferentes. Volar con ellos, visitar SF juntos, soñar en traer a Navarra muchas de las cosas buenas que podamos encontrar allá, es más de la mitad de ese aire que necesito, porque cuando vuelva a la tierra de los humanos estoy seguro que tendré que volver a respirar junto a ellos.
Solo es imposible.
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